CON IMPONENTE PROCESIÓN Y LLAMADO A LA RECONCILIACIÓN, CHIQUINQUIRÁ CELEBRÓ LA FIESTA PRINCIPAL DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO.

CHIQUINQUIRÁ. La Ciudad Mariana de Colombia se vestió de gala este domingo 4 de octubre para celebrar la gran Fiesta Principal de Nuestra Señora del Rosario. Tras nueve días de ferviente preparación espiritual en el novenario interparroquial, miles de peregrinos, delegaciones de las veredas y fieles de todos los templos locales se unieron en una multitudinaria muestra de fe que ratificó la profunda identidad religiosa de la región.

Las actividades de la fiesta mayor comenzaron a las 10:00 de la mañana con una imponente procesión que arrancó desde la Parroquia de la Renovación. Aunque inicialmente se contemplaba el traslado del Lienzo Peregrino, la marcha estuvo engalanada por una bellísima imagen tradicional de la Virgen del Rosario, donde se le representa sosteniendo al Divino Niño Jesús en sus brazos, custodiada por ángeles y entregando el Santo Rosario a Santo Domingo de Guzmán. Durante el trayecto, la comunidad unió sus voces en un ambiente de recogimiento para rezar los veinte misterios de la vida de Cristo: Gozosos, Luminosos, Dolorosos y Gloriosos.

Reseña Histórica: Las raíces de la Fiesta del Rosario

La solemnidad universal de Nuestra Señora del Rosario, instituida tradicionalmente el primer domingo de octubre, posee una de las cargas históricas más significativas de la cristiandad. Sus orígenes institucionales se remontan al 7 de octubre de 1571, fecha de la célebre Batalla de Lepanto. Ante la inminente invasión naval del Imperio Otomano que amenazaba la Europa cristiana, el Papa San Pío V convocó a todo el pueblo católico a unirse en el rezo fervoroso del Santo Rosario pidiendo la intercesión de la Santísima Virgen.

Tras la inesperada y decisiva victoria de la Liga Santa, atribuida directamente por la Iglesia al poder de esta oración mariana, el Sumo Pontífice instituyó originalmente la festividad bajo la denominación de Nuestra Señora del Rosario de las Victorias. Posteriormente, su sucesor, el Papa Gregorio XIII, cambió el nombre oficial de la celebración al de Nuestra Señora del Rosario. A la par de este acontecimiento militar y litúrgico, la expansión ecuménica de la fiesta estuvo ligada desde sus inicios al carisma de la Orden de Predicadores (Dominicos), herederos de la tradición de Santo Domingo de Guzmán, quienes propagaron por el mundo el rezo de los misterios marianos como un compendio del Evangelio y un escudo espiritual para la conversión de las almas.

A las 11:00 de la mañana, la procesión arribó solemnemente a la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá [virgendechiquinquira.com], donde se dio inicio a la Eucaristía Principal. La santa misa contó con la presencia de monseñor Leonardo Gómez Serna, obispo emérito de Magangué, y fue presidida por Monseñor Ramón Alberto Rolón Güepsa, obispo de la Diócesis de Chiquinquirá, en compañía del Padre Prior, fray Juan Ubaldo López Salamanca, O.P., y del clero diocesano y dominicano.

El examen de la viña: ¿Qué frutos estamos produciendo?

Inspirado en el pasaje evangélico de los labradores homicidas y las escrituras del profeta Isaías, Monseñor Rolón Güepsa estructuró una homilía confrontadora y profunda. El prelado invitó a los asistentes a verse a sí mismos como la viña que el Creador ha plantado y cuidado con esmero, lanzando una pregunta crucial para el examen de conciencia personal: «¿Qué frutos está produciendo en tu vida la obra del Señor?».

El jerarca recordó que Dios ha dotado al ser humano de todo lo necesario para caminar en rectitud—dándole la vida, una familia, los sacramentos y los mandamientos—y advirtió que la fe no se recibe de manera pasiva o decorativa para llevar un estandarte, sino para dar frutos de vida eterna. “No nos entregó el Señor la obra de la creación para que nos apropiáramos de ella o la explotáramos, sino para que la compartiéramos como hermanos. No demos frutos agrios de odio, violencia y muerte”, exhortó.

Oración por la Patria y el valor del Santo Rosario

En el momento central de su alocución, Monseñor Ramón Alberto elevó una sentida plegaria por las necesidades de la nación, suplicando la intervención del Altísimo en los campos, las ciudades y los hogares: “Ven, Señor, a visitarnos. Visita esta tierra colombiana, a sus dirigentes, a sus familias… visita a quienes han perdido la esperanza a causa del terremoto y de la violencia, y a quienes cargan con heridas y no han podido perdonar”.

El obispo de la Diócesis de Chiquinquirá enfatizó que la devoción mariana auténtica no consiste únicamente en peregrinar para “cumplir” un compromiso externo con la Virgen, sino en terminar con ella en la obediencia y la fe, bajo el mandato de «Hagan lo que Él les diga». Explicó que el Rosario adquiere su máximo sentido cuando se convierte en el canal por el cual las madres entregan la viña de sus hijos a Jesús, los padres cándidamente custodian sus hogares y las comunidades edifican la fraternidad. Citando al apóstol San Pablo, llamó a custodiar la verdad y el alma, alertando que la viña familiar y social a menudo se destruye a través de la calumnia, la discordia y los juicios injustos.

Al cerrar la homilía, el obispo recordó el desenlace del Evangelio donde los labradores matan al Hijo. Explicó que, a pesar de que el pecado humano llevó a Cristo a la muerte, Dios transformó el aparente fracaso y la frustración de la cruz en la victoria absoluta de la Resurrección, constituyendo a Jesús como la Piedra Angular. Invitó a la asamblea a no temer al dolor y a postrarse de rodillas, como María al pie de la cruz, entregando el fruto de su vientre en las manos del Padre Celestial para que la cruz termine siempre en la victoria definitiva de la resurrección.

Gratitud comunitaria

Al término de la sagrada liturgia, el Padre Prior Juan Ubaldo López Salamanca, O.P., tomó la palabra para expresar un profundo agradecimiento a Monseñor Ramón Alberto Rolón Güepsa por presidir la solemne eucaristía, así como a la multitud de fieles que colmaron las naves del santuario. El Prior aprovechó la oportunidad para invitar a los peregrinos a visitar la histórica Parroquia de la Renovación, lugar exacto donde aconteció el milagro del lienzo en el siglo XVI.

De igual manera, el Padre Prior emitió un importante comunicado de seguridad para proteger a los visitantes. Aclaró de forma perentoria que el único sitio autorizado para el pago de salves e intenciones de misas es el despacho de la Basílica, ubicado en las instalaciones de la Universidad Santo Tomás junto al santuario. Esta precisión se realizó debido a la presencia detectada de personas inescrupulosas ajenas a la institución que, haciéndose pasar por trabajadores del templo, han venido engañando y estafando a los ciudadanos quitándoles su dinero.

Finalmente, el Prior rindió un homenaje de gratitud a las Juntas de Acción Comunal (JAC) de Chiquinquirá por su invaluable trabajo y compromiso organizativo, el cual hizo posible el éxito de cada uno de los días de la novena. Para dar el cierre definitivo a este magno festejo, Monseñor Ramón Alberto Rolón Güepsa se despidió de la asamblea deseando de corazón un bendito día para todos, impartiendo la bendición apostólica sobre las familias congregadas.

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