
CHIQUINQUIRÁ. Con un fervoroso llamado a la acción y al compromiso misionero de los laicos, la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá acogió el séptimo día de su novenario litúrgico este 1 de octubre. El camino de preparación espiritual avanza con paso firme hacia la gran Fiesta Patronal del próximo 3 de octubre y la posterior Solemnidad de Nuestra Señora del Rosario, uniendo en oración a toda la comunidad boyacense.
La sagrada eucaristía de esta noche coincidió con la fiesta litúrgica de Santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las misiones. La celebración fue presidida por el Padre Félix Antonio Sánchez Moya, párroco de la Parroquia de la Santísima Trinidad de la ciudad, quien al iniciar dio gracias a Dios por el don de la lluvia que ha regado los campos y que es de vital importancia para que el pan venga a la mesa de todos los hogares campesinos.
El envío de los 72 y la urgencia de la misión laical
Tomando como base el Evangelio del día (San Lucas 10, 1-12), el Padre Sánchez estructuró su homilía explicando el profundo significado teológico del envío de los 72 discípulos de dos en dos. Recordó el antecedente bíblico en el libro de Números, donde Moisés elige a 72 ancianos para transmitirles el espíritu y ayudar en la organización del pueblo. “El número 72 nos indica plenitud; nos demuestra que el querer del Señor es construir un Reino para todos los pueblos, corazones, jóvenes y pecadores, sin exclusión alguna”, afirmó. Asimismo, explicó que el envío “de dos en dos” representaba el carácter judío de autenticidad y verdad, pues se requería el testimonio de dos personas para que un mensaje fuera creíble.
El párroco de la Santísima Trinidad enfatizó que la tarea de anunciar el Evangelio no pertenece únicamente a los doce apóstoles ni en exclusividad a los sacerdotes, sino a la totalidad del pueblo de Dios. Citando las exigencias de Jesús de marchar de prisa y no detenerse en los largos y pausados saludos de la cultura judía, advirtió: “El anuncio del Reino necesita urgencia; es una tarea que nos debe desvelar a los ministros y que exige desprendimiento y generosidad de vida”.
En un momento de profunda honestidad pastoral, el Padre Félix manifestó su preocupación por la escasez de vocaciones consagradas que afronta la Iglesia local, señalando que en el seminario mayor actualmente hay solo cinco seminaristas para cubrir la atención de 45 parroquias en el futuro. “La tarea no es solo de los sacerdotes; el Señor ha hecho partícipe a la totalidad de la Iglesia. Necesitamos orar fervientemente por las vocaciones consagradas, pero también por las vocaciones laicales. Sus tareas como catequistas y apóstoles consisten en ser parte activa de esos 72 discípulos, llevando el mensaje allá donde hay un niño, un joven o un enfermo”, aseveró, poniendo como ejemplo de oración contemplativa a Santa Teresita del Niño Jesús y el “sí” de la Santísima Virgen María.
Al concluir, el presbítero expresó su sincero agradecimiento a los laicos que con su generosidad han sostenido las misiones y la obra evangelizadora por años, invitándolos a mantener ese espíritu dadivoso que edifica el Reino de los Cielos.
Un testimonio de herencia mariana ante la crisis de oración
El Padre Félix conmovió al auditorio al compartir su testimonio personal de amor filial a Nuestra Señora del Rosario, cuya devoción marcó su vocación sacerdotal desde el seminario, realizando siempre sus visitas al pozo y al santuario como estaciones obligadas de oración. Relató con orgullo provenir de un hogar cimentado sobre el Santo Rosario gracias a su madre, una mujer que defendía con celo el rezo completo de la oración en cada momento de la vida. “Pienso que este tipo de abuelas y madres han sostenido a los hogares en santidad con el rosario”, enfatizó.
No obstante, compartió su inquietud pastoral al percibir una crisis actual en la oración familiar: “La mamá dejó de orar el Rosario”, lamentó, al detallar cómo al preguntar a padres de familia en las catequesis sobre el rezo del Rosario semanal, pocos alzan la mano y hace una invitación a todos los fieles devotos presentes en la Basílica de Chiquinquirá que lo recen y lo ofrezcan diariamente, también recordó los milagros totales obrados en tiempos de pandemia gracias a la intercesión de la Virgen del Rosario gracias al rezo del santo rosario.
Gestos de gratitud y anuncios comunitarios
Al término de la misa, se vivieron momentos de sincera fraternidad en el altar mayor. El Padre Prior Juan Ubaldo López Salamanca, O.P., agradeció formalmente al Padre Félix Antonio Sánchez Moya y al Padre Giovanny Rodríguez, así como a los fieles y grupos eclesiales de la Parroquia de la Santísima Trinidad por su masiva asistencia y fervor en este séptimo día de novena.
Con especial alegría, el Prior saludó y agradeció de corazón la presencia del Padre Miguel, clérigo que pertenece a la Arquidiócesis de Cali y que llegó al santuario acompañado por un numeroso grupo de peregrinos para unirse a esta celebración mariana.
De igual forma, el Padre Prior invitó de forma muy especial a toda la ciudadanía al Salterio Mariano, un gran evento devocional que se celebrará este sábado inmediatamente después de la santa misa de las 6:30 de la noche. Asimismo, informó que para el octavo dia de la novena, la comunidad eclesial invitada de honor será la Parroquia del Espíritu Santo de la ciudad.
Se mantiene la invitación general a participar del Santo Rosario a las 6:00 p.m. y la Eucaristía a las 6:30 p.m. diariamente. Del mismo modo, Chiquinquirá se prepara con entusiasmo para el primer domingo de octubre, día de la gran solemnidad universal en honor a Nuestra Señora del Rosario. La festividad mayor iniciará con la gran procesión matutina desde la Parroquia de la Renovación custodiando el Lienzo Peregrino con rumbo a la Basílica, donde se celebrará la misa de las 11:00 a.m. para bendecir las romerías parroquiales y los altares familiares.


